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Museo guayanés de la comunicación
Ernesto Salas Machado
De repente
allí estábamos, frente a la entrada. Una enorme réplica de una
prensa del Correo del Orinoco que teníamos sobre la cabeza se
erigía proporcionándonos la sombra sabrosa ante el inclemente
sol guayanés del mediodía. La cola para la compra del boleto de
entrada era interminable en época de vacaciones. Una linda joven
nos proporcionaba un tríptico indicativo de las instalaciones y
las salas por recorrer y, espontáneamente, un pregonerito de
principios de finales del siglo XIX y del siglo XX nos mostraba
en su bicicleta, con el caucho delantero mucho más grande que el
trasero, una larga pancarta con la reproducción de las primeras
planas de los periódicos más importantes del mudo, de América y
del Sur de Venezuela.
A la par de esto, otro miembro del museo vendía, montado en su
bote orinoquense, unos conos de papel periódico llenos de carne
en vara, zapoara o exquisitos dulces bolivarenses y upatenses,
para el deguste de nuestros neófitos paladares de turistas.
Ya adentro. Todo el espectáculo de luces, video y concepto
museístico y museográfico que nos llevaba desde las primeras
manifestaciones del ser humano para comunicarse con su familia y
su entorno cósmico en las eras antiguas hasta la comunicación
telepática e internética de hoy día. En la otra sala los medios
de transporte de la región, desde el primer minero en su burro
en búsqueda del sueño dorado hasta las fastuosas flotillas de
helicópteros y otros de las empresas básicas, sin olvidar todas
las innovaciones de transporte de minerales para hacerlos llegar
hasta las mismas industrias.
Una “m” y una “c” con una “d” minúscula en el medio nos indicaba
no la macdonalización del lugar sino por el contrario que en el
piso siguiente nos esperaba “Medios de Comunicación”. El
ingenioso lugar de la primera radio de Ciudad Guayana,
conjuntamente con el personaje que se dignó a proporcionarnos la
primera antena para ello. Más allá, los incipientes pasos para
las primeras transmisiones de televisoras regionales y el sonido
inconfundible de los carros chocando por los primeros semáforos
en San Félix. Mirando hacia abajo estaba el avión, el mismo con
el que se sobrevolara saltos y tepuyes guayaneses, ese mismo que
se ve oxidado en Ciudad Bolívar.
Cantidad de otras manifestaciones y hechos concretos que nos
permiten comunicarnos en la región. Sin olvidar el grito y la
corneta del chalanero o el buenos días de la “invasora” de
Chirica con su vecina a pasos de su ventana de latón.
En el último piso, lo más espectacular, los estudiantes
universitarios de Comunicación Social, junto a sus profesores,
ayudando a los niños guayaneses con su primer contacto con la
información y la búsqueda de la verdad, la transmisión del valor
de la profesionalidad. Alrededor de esto: el epicentro de todo
el terremoto llamado museo: el Centro de Investigaciones de
Historia, Cultura y Comunicación. Espacio inter, multi y
transdisciplinario donde se investigue y genere el conocimiento
comunicológico, se proyecte la tradición investigativa del hecho
periodístico en la zona y además sea uno de las posibles
pasantías de los periodistas de Guayana y para Guayana. Abajo,
el turismo cultural y de museos, competidos del turismo sexual,
narcótico y otros antiecológicos de la zona... allí desperté en
plena clase de Historia de la Cultura. Algunos de los
estudiantes reían sin parar, mientras otros tardaron en abrir
sus ojos creyendo que era un sueño en voz alta hecho realidad.
Ciudad Guayana representa la innovación tecno-social entre-aguas
de Venezuela. No nos referimos a las tesis de las “sociedades
hidráulicas” del pasado. Por el contrario, comunidad nueva,
planificada y dependiente de nuestro sentido del desarrollo
económico-social. La capacidad antrópica de crear técnicas y
menesteres acordes a la productividad industrial e
infraestructural no está desconectada de la cognitiva y
cultural. Un museo de la comunicación estaría en el medio, entre
la innovación tecno-social entre-aguas, por demás pluricultural
e interétnica y la posibilidad de convertirse en rector de
información, formación y estudio del hecho comunicacional del
guayanés y en Guayana.
Ciudad Guayana es pieza auténtica, única y tal vez irrepetible a
nivel nacional. ¿Sabemos, seriamente, cómo se fundó, por qué y
con qué objetivos a corto, mediano y largo plazo? ¿Existe
conciencia de ello en los habitantes de su ciudad? ¿Conocemos
cómo se comunicó a los venezolanos la creación de dicho universo
urbano? ¿Poseen nuestros niños y adultos guayaneses un lugar
donde puedan aprender y distraerse -incluso jugar- con y sobre
los instrumentos, avances tecnológicos, experiencias de la
prensa, la radio, la televisión y ahora la internet con un
sentido histórico y regional? ¿Cuántos museos de la comunicación
existen en el mundo, en Suramérica o, sencillamente, en
Venezuela? ¿Por qué no asumir el reto de construir el Museo de
la Comunicación en Ciudad Guayana cuando, además de generar
empleo útil y productivo en cultura y desarrollo social, también
debería devengar ingresos económicos a la región como atracción
turística?
02.01.2003
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